El libre albedrío que no vemos: la lucha interna en la cultura equina

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¿Conquistamos al caballo… o nos conquistamos a nosotros mismos?

Hay una imagen muy antigua que persiste en la cultura equina. La del jinete que doma, que somete, que conquista. Un humano sobre un caballo que al fin cede. La victoria se mide en kilos de presión sobre la boca, en giros perfectos, en un animal que ya no dice no.

Es una imagen poderosa. Y es, también, profundamente tramposa.

Porque lo que esa imagen nos oculta es la lucha que ocurre antes. No la del caballo contra el ronzal. La nuestra. La que sucede dentro.

El libre albedrío como campo de batalla

Filosofía y psicología llevan siglos discutiendo si el libre albedrío existe o es una ilusión elaborada. Pero en la práctica, todos hemos sentido ese momento: el instante en que podemos elegir entre lo que queremos hacer y lo que sabemos que deberíamos hacer. Ese espacio brevísimo, incómodo es donde habita la voluntad.

Con los caballos, ese espacio se amplía. Se hace visible. Porque el caballo no miente, no negocia, no disimula. Responde a lo que hay, no a lo que finges. Y de repente, la lucha interna que llevabas ignorando semanas aparece ahí, reflejada en un ser de quinientos kilos que simplemente se para.

No es el caballo el que se resiste. Eres tú el que aún no ha decidido qué quiere.

Esta es, en el fondo, la premisa de los Servicios Asistidos con Équidos: que la relación con el caballo no es el destino, sino el espejo. Un espejo que no tiene la cortesía de ser amable.

Conquista como metáfora equivocada

La cultura equina tradicional construyó su lenguaje sobre la conquista. Domar, someter, dominar. Términos que importaron sin querer una filosofía entera: la de que hay un vencedor y un vencido, y que ganar es la meta.

Esa metáfora tiene consecuencias. Forma la mirada de quien llega a un caballo creyendo que tiene algo que demostrar. Y a menudo, lo que tiene que demostrar no es para el caballo. Es para sí mismo. Para ese juez interior que lleva décadas tomando nota de cada debilidad.

Las EAS, en su mejor versión, proponen algo diferente. No la victoria sobre el caballo, sino la posibilidad de entrar en relación con él desde otro lugar. Un lugar donde primero tienes que notar qué ocurre dentro de ti. Qué piensas. Qué sientes. Qué decides.

Eso es, si se quiere llamar así, un ejercicio de libre albedrío en estado puro: elegir cómo vas a estar, antes de elegir qué vas a hacer.

El problema de querer controlar lo que no se puede

Parte de la fascinación y la frustración que generan los caballos viene de esto: son seres con los que no puedes usar el control como única herramienta. Puedes intentarlo. Puedes aplicar presión, restricción, castigo. Pero el animal seguirá siendo un animal. Seguirá teniendo sus propias necesidades, sus propios miedos, su propia agencia.

Y eso, para muchas personas, resulta intolerable. Porque en el resto de sus vidas han aprendido que el control es lo que les mantiene a salvo. Que si controlan lo suficiente el entorno, las relaciones, los resultados, nada malo puede pasar.

El caballo desmonta esa creencia. Literalmente, a veces.

Y en ese momento de pérdida de control es cuando aparece la elección real: ¿me impongo? ¿Me retiro? ¿O me quedo aquí, con la incomodidad, y aprendo algo que no sabía de mí mismo?

La verdadera conquista no es la del caballo. Es la del miedo a no ser suficiente.

Lo que las EAS nos enseñan sobre la voluntad

En el trabajo de Servicios Asistidos con Équidos, hay un momento que se repite con distintas personas y distintos contextos. Es el momento en que alguien descubre que puede parar. Que puede respirar. Que puede elegir no reaccionar de forma automática.

Suena simple. No lo es. Para quien lleva años en piloto automático funcionando desde el miedo, desde la exigencia, desde la necesidad de aprobación, descubrir que existe ese espacio de elección es algo cercano a una revelación.

El caballo lo hace posible porque exige presencia. No puedes estar en el pasado ni en el futuro mientras estás junto a un animal de presa que lee cada microseñal de tu cuerpo. Tienes que estar aquí. Y cuando estás aquí, el libre albedrío deja de ser concepto filosófico y se convierte en algo que puedes ejercer.

Cultura equina que evoluciona

La cultura equina está cambiando. Despacio, con resistencias, pero cambiando. Cada vez hay más voces jinetes, profesionales, científicos del comportamiento que cuestionan el modelo de dominación. Que proponen escuchar más y exigir menos. Que entienden el bienestar del animal no como un extra ético sino como la base del trabajo.

Este cambio no es solo técnico. Es filosófico. Es, en cierto modo, la misma pregunta que plantea el libre albedrío: ¿actuamos desde lo que hemos heredado sin cuestionarlo, o podemos elegir otra manera de estar?

La respuesta, como siempre, no la tiene el caballo. La tienes tú.

Quizás la conquista que vale la pena no es la que se celebra en una pista. Es la que ocurre en silencio, junto a un caballo que espera, mientras tú decides quién quieres ser.

Carlos Ganzabal Cuena
Fundador de iPoney Outdoors Spaces · Valle de Zuia, Álava
Practitioner en Servicios Asistidos con Équidos desde 2010.
Cocreador del protocolo EvaSE (Erasmus+ KA2).
Podcast Equestrian Sounds.
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